I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

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DERMATÓLOGOS.2001

X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS.

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UNERG.2010

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X PROMOCIÓN DE MÉDICOS CIRUJANOS DE LA UNERG "DR. EDGARDO MALASPINA"

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2010

HISTORIA DE LA MEDICINA EN EL ESTADO GUÁRICO

HISTORIA DE LA MEDICINA EN EL ESTADO GUÁRICO
LIBRO DEL DR. EDGARDO MALASPINA: HISTORIA DE LA MEDICINA EN EL ESTADO GUÁRICO

lunes, 5 de abril de 2010

CRÓNICAS SOBRE MÉDICOS, ENFERMEDADES, HOSPITALES Y MEDICINA POPULAR


CRÓNICAS SOBRE MÉDICOS, ENFERMEDADES , HOSPITALES Y MEDICINA POPULAR


POR: EDGARDO MALASPINA





El Dr. Julio De Armas dijo en 1944 que han ejercido la medicina en el Estado Guárico los Dres: Vicente Peña, J.A. Pérez Limardo, Viana Camacho, Célis Saumé, J. Barreto Méndez, Codecido, J. M. Aguado, Ron Pedrigue, Ascanio García, J.V. Gutiérrez López, E. Díaz Vargas, A. V. Ochoa, M. González, R. Camejo y Héctor Landaeta Payares. De este último Galeno dice que escribió en 1921 La Geografía Médica del Estado Guárico, obra única en su género realizada con una encuesta entre todos los médicos que trabajaban en la región. De Armas dice que para las mordeduras de animales el campesino guariqueño recurre a emplastes de tabaco masticado, cauterización con hierros, clavos candentes, oraciones y ensalmos.



El Dr. Alberto Rodríguez Morales se refirió de manera poética sobre los hospitales en el Estado Guárico:
Calabozo: La tierra del obispo y del poeta.
Valle de La Pascua: Pascua de la cordialidad más generosa que es esperanza todavía para la patria en marcha.
El Sombrero: Peloeguama de sol sobre los llanos.
San Juan de los Morros: Ceñido a la aurora perpetua de sus morros somnolientes.
Altagracia de Orituco: La gracia más alta de la tierra llana, donde la sonrisa de sus mujeres más bellas nos pueblan de romances los caminos del alma.
Tucupido: Virado hacia Dios como una soga.
Zaraza: Lámpara de rumbos sobre las aguas de su Unare.

Se refiere también el Dr. Alberto Rodríguez Morales a los medicos que han trabajado en Altagracia de Orituco y nombra a los Dres. Francisco Monroy Pitaluga, José Ignacio González Aragort, Felipe Chacín y Nastruchi.

Una relación más detallada de los galenos en esa población la entrega José Francisco Martínez:
“Entre los médicos que ejercieron en Altagracia de Orituco a fines del siglo pasado, y en las tres primeras décadas del presente, algunos por largos años y otros por corto tiempo, se contaron: El Dr. Antonio Lucena, de Caracas, quien fabricó la primera casa en el cerro donde estaba el hospital “San Antonio”, y por eso el pueblo le dió a ese sitio el nombre de “Cerro de Lucena”. Dr. José Martínez, de Caracas, murió en Marsella, desempeñando el Consulado de Venezuela. Dr. Felipe Ascanio, bisabuelo de los abogados Ascanio Jiménez y de la señora Conchita de Campagna. Dr. Luis María Sierra, gracitano. Dr. Luis Pérez Bustamante, gracitano. Dr. José María Amestoy, gracitano. Doctores Miguel Angel y Luis Pasquarelli, italianos; el Dr. Miguel Angel Pasquarelli se casó en Altagracia con la distinguida dama Ignacia Jiménez. El Dr. Vicente Demilita, quien tenía su residencia fija en San Casimiro, y era especialista en enfermedades de los ojos. El Dr. Vicente D’ Gregorio, italiano, casado con Doña Dolores Rachadell Rizo, de Chaguaramas. El Dr. Santiago Gil, caraqueño, padre del licenciado en farmacia, periodista y poeta Santiago Gil Hernández, de grata recordación. Doctores Estanislao y Arístides Landaeta, padre e hijo, calaboceños; Arístides era además un destacado orador. El Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, de Valle de La Pascua; suyas fueron las fórmulas de “Vencedor del Paludismo” y “Cura Especial del Paludismo”, productos que tuvieron acogida nacional por su comprobada eficacia para el tratamiento de la Malaria: también la crema dental “Fryné”. El Dr. J. M. Carrasquel Carreyó, nativo de Barcelona. Doctor Benito Gutiérrez López, pionero de la ofidiología en Venezuela, llegó a Altagracia a mediados del año 1903, y en esta ciudad vivió hasta su fallecimiento, ocurrido el 31 de marzo de 1950. Se casó con Doña Delia Carchidio Rachadell, de Chaguaramas. Doctor J. M. Rojas Camacho, oriental. Dr. Pedro del Corral, de Chaguaramas, pero considerado como de Altagracia por haberse criado aquí. Del Corral hizo cursos de post – grado en Europa, y se especializó en enfermedades tropicales y en dermatología; supo destacarse por sus vastos conocimientos y sus siempre reconocidos sentimientos de altruismo. El Dr. Jesús Rhode, falconiano y hoy famoso oftalmólogo; estuvo en Altagracia en 1924. El Dr. Miguel Chacín, de Maracaibo. Se casó con la señorita Ina Chacín, de San Francisco de Macaira. En 1930 llegaron a Altagracia los doctores Mármol y Calderón. Mármol sabía mucha historia y era un extraordinario orador. Pronunció el discurso de Orden en la Plaza Bolívar, con motivo del centenario de la muerte de nuestro libertador.”

El Centro de Salud Dr. José Francisco Torrealba, de Altagracia de Orituco, fue inaugurado el 19 de abril de 1950. En ese acto estuvieron presentes el gobernador del Estado Guárico, Rafael Enrique Garroni y el Ministro de Sanidad y Asistencia Social, Dr. Antonio Mutín Arayo. El Dr. José Francisco Torrealba pronunció el discurso intitulado: “¿Vendré yo de la República de Platón, o de la Utopía de Tomás Moró?. Agradece el honor de darle su nombre al Centro de Salud y luego exclama: “Señores: al ver esa placa con mi humilde nombre, en este hospital, lo primero que se me ocurre es implorar a todas las fuerzas del cielo que iluminan la mentalidad de los médicos que van a trabajar en él para que los oriente por el camino de Hipócrates, y de los otros Asclepíades; observación métodica, estudio minucioso y ética. Aquí no es el estudio de las plantas ni de las rocas; es la defensa de la salud y de la vida del hombre que se refleja en su alma; quiero decir, que en medio del mundo de las cosas materiales por las que se combate, está otro mundo mayor, el mundo del sentimiento, el mundo del espíritu.” Luego remata: “Todo aquí debe ser humanidad. Si no, la gran casa perdería más de la mitad de su empeño y puede ser dañina; y entonces, vista de Dios, no vendrá quizas el látigo, sino el rayo que ilumina. ¿Vendré yo de la República de Platón o de la Utopía de Tomás Moró?”

Darío Laguna en su libro “Semblanza de un Pueblo” se refiere a la salud y el saneamiento ambiental en El Sombrero. No existía en esa población ningún centro médico, hasta que el 5 de julio de 1938 fue inaugurado el Hospital Francisco Antonio Rísquez, en honor al ilustre médico que ese día se encontraba en El Sombrero. El Dr. Francisco Antonio Rísquez nació en Juan Griego, en 1856. En 1875 obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas. Fue profesor de las Cátedras de Patología Externa y Obstetricia de la Facultad de Medicina de la UCV. Escribio muchos libros y artículos. Asisitió a congresos científicos internacionales. Fue Vice – Rector de la UCV. Fundó los estudios de enfermería en Venezuela y con Luis Razetti la Sociedad de Médicos y Cirujanos de la Academia de Medicina. En 1936 fue Rector de la UCV. Julio De Armas dijo de este sabio: “Médico de esta talla hipocrática a la antigua, era también el viejo Risquez. En su recia personalidad se lograron las siete virtudes capitales del buen médico: abnegación, sacrificio, generosidad, acción, modestia y ética.”

Laguna continua diciendo que el hospital fue construido en una casa que perteneció al establecimiento comercial de los hermanos Carrillo, y que en los últimos años era propiedad del General Rodolfo C. Piña, jefe político y militar de la región. En el acto inaugural, además del Dr. Rísquez estuvieron presentes: el presidente del Estado Guárico, General Emilio Arévalo Cedeño; Loynaz del Castillo, héroe de la Independencia de Cuba; el poeta Felipe Rugeles y el también poeta Ernesto Luis Rodríguez, quien expresó: “Esta bien que en épocas preteritas se hubiera puesto un nombre de extranjerismo exótico a este hospital, pero hoy en que distintos son los tiempos y los años bien está que se apretuje en los labios el nombre de un íntegro varón venezolano: Dr. Francisco Antonio Rísquez, para elogio de su obra es preciso llevar su nombre a gran altura de serenidad.” En representación de El Sombrero estuvieron presentes: Guillermo H. Díaz, Antonio Mota Alvarado y el maestro Alberto I. Prada, Director de la Escuela Federal Graduada “Julián Mellado”. El hospital fue bendecido por el Obispo de Calabozo, Monseñor Arturo Celestino Alvarez. En septiembre de 1938, el Director del Hospital, Dr. Manuel Yánez Olavarrieta hizo una apendiceptomía a la ciudadana Ana Delfina Orta. Lo ayudó el Dr. Jesús Irazabal Ron. El primer director del Hospital fue el Dr. Alejandro Irazabal. Antes del hospital habían ejercido en El Sombrero los siguientes médicos: Agustín Aponte Baldirio, Carlos Tovar, Ramón Castro Guevara y Alberto Pérez Frontado. Fueron Directores del Hospital: Manuel Yánez Olavarrieta, Jesús Irazabal Ron, Fritz Peterson, Leopoldo Vizcarrondo, Efraín Abad Armas, Rincón Fuenmayor y Eduardo Camel.

Fritz Peterson nació el 28 de diciembre de 1917 en Valencia. Obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas el 14 de octubre de 1940. Trabajó en el Oncológico Luis Razetti hasta 1949. Su obra es reconocida en el Hospital Industrial de San Tomé como uno de los cirujanos más diestros y completos en la Historia Quirúrgica Venezolana. Se integró plenamente a la comunidad sombrereña, según lo reconoce Darío Laguna.

El 15 de septiembre de 1966 Darío Laguna escribe en el Diario La República de Caracas un artículo, donde hace referencia al paludismo como peste de El Sombrero. Allí expresa: “De esta tragedia colectiva tenemos experiencia los que somos sobrevivientes del paludismo y hoy recordamos la época trágica de los terribles páramos que anteceden a la calentura, y los vómitos que parecen reventar las venas, y los pies y manos heladas, y el escalofrío que hace tiritar los huesos, y la fiebre que sube hasta que parece que la persona se va encogiendo lentamente en el chinchorro para volverse nada y hundirse en un tenebroso mundo de pesadillas; y el pesado y torpe despertar, con las cobijas emparamadas de sudor y el cuerpo aún ardiente como un tizón encendido.”

A raíz de la epidemia de paludismo en El Sombrero el promedio de vida no llegaba a los 40 años. Para enterrar a los muertos se usaba una urna común llamada “burro negro”. Los cuerpos eran lanzados a una fosa común. El señor Jesús María Tovar fue designado inspector de Sanidad. El Director de la Escuela “Julián Mellado”, Alberto Isac Padra le solicitó al inspector que dictara clases a los niños sobre el zancudo anófeles.

El paludismo fue erradiado en El Sombrero en 1945. Ricardo Montilla constata el feliz hecho: “El Sombrero fue siempre región intensamente palúdica por hallarse circundante de lagunas y pantanos, cuyas aguas de permanencia durante todo el año eran inextinguibles criaderos de anófeles. De la laguna de Tocorón por ejemplo, que abarcaba una zona de unas 15 hectáreas hoy no queda ni una sola gota de agua, gracias a un canal principal de seiscientos metros de longitud y uno pavimentado de ciento cincuenta. Hacia el norte, a cien metros apenas de las últimas casas del pueblo, por ese lado quedaban los bajos caminos de El Roble, inmensos aniegos que duraban también casi todo el año. Un canal de un kilómetro y doscientos metros de longitud pavimentado evacúan todas las aguas de esa zona.“

Santa María de Ipire es la tierra del sabio Torrealba. En sus cercanías nació, y allí trabajó. Asi lo expresa el cronista Dr. Edgar Ballen Caceres en artículo sobre la “Relación de la familia Malaspina y el Doctor José Francisco Torrealba”: “La casa de infancia de José Francisco Torrealba en Santa María de Ipire, está ubicada a cien metros al noreste de la Plaza Bolívar, en donde hoy queda el Pilón de Maíz Ipire, propiedad de Miguel Malaspina Pinto.”

“El primer consultorio del recién egresado médico, Doctor Francisco Torrealba en 1923, estuvo funcionando en la casa de Doña Elvira Mugno de Malaspina (abuela del autor de estas líneas), madre del boticario Humberto Malaspina Mugno, quien el 10 de diciembre de 1934, fundó la Botica Santa María; allí el Doctor Torrealba examinaba a sus pacientes paisanos y recogía muestras biológicas para llevar y analizar en su laboratorio del Barrio la Loma en Zaraza. El boticario Humberto Malaspina Mugno preparaba las fórmulas magistrales que Torrealba prescribía a quien ameritaba su asistencia médica.”

“Humberto Daniel Malaspina Mugno, boticario, es el padre del farmaceuta de la Universidad de los Andes, Ismael Malaspina Pinto, quien actualmente regenta la Farmacia Santa María, y quien a su vez es el padre del también farmaceuta Ismael Humberto Malaspina Morillo de la Universidad Santa María y de la Lic. Albayrena Malaspina Morillo, estrechando vínculos con el Doctor José Francisco Torrealba en el aspecto social y de las ciencias médicas.” (7)

De su trabajo en Santa María de Ipire el propio Torrealba dice: “En 1923, en enero, al terminar mis estudios de medicina, me traslade a Santa María de Ipire, mi pueblo natal, en el Oriente del Guárico. Con mucho tirempo de ocio traté allí los anémicos con timol y contaba pacientemente los anquilostomidae que expulsababan. En unos se contaban docenas, en otros centenas y en unos pocos mil o dos mil parásitos. Hubo uno de tres mil. Como no disponíamos de microscopio no pudimos saber si todos eran de la especie Necator americanus, de Stiles o si había además el anquilótomo duodenal de Dubini”.

Adolfo Rodríguez menciona a J.A De Armas Chilty cuando recordaba a Lisandro Alvarado en Santa María de Ipire “frente al cotopriz de la mesa de Santa Rosa, lo veían los campesinos recoger yerbas.” “Antes en 1902 llegan a Santa María los médicos Manuel Guzmán Alfaro, y Gualberto Briceño Rossi de Barcelona. Luego un cubano: caminero.” Shelton (E. Ballen, citado por A. Rodríguez).

“Tiempo en que dos santamarieños ejercen tanto la medicina como otros oficios intelectuales en tierras de Anzoátegui: Felipe Rodríguez Pérez, por Zuata, y Juan Salazar López, nacido en 1865, unos de los tres hombres que, segun Torrealba, leían en San Diego de Cabrutica. Llegó allí en 1892 con mercancia y farmacia, y va también a Mapire: “un venezolano excepcional, culto, de costumbres austeras, servicial y de extraordinarias aptitudes para la docencia y el ejercicio de la profesión de médico, al decir de Rafael Armas Alfonso (1994): Sabía mucho de botánica y su especialidad eran las propiedades de las plantas, de las que preparaba píldoras y pomadas.”

En 1918 atacó la gripe española, por eso el padre Romero González expuso la necesidad de una rogativa. Los ancianos de Santa María juzgaron que eran innecesarios, porque las rogativas huelen a muerte y se cree intocables por el mal. “No llegó la gripe, pero el padre hizo rogativas y asperjo con agua bendita las puertas de las casas.”

El primer médico que ejerció en Calabozo fue el Dr. Paulo Landaeta Lovera. Le siguen Estanislao Landaeta, quien fue el primer Director del Hospital “Mercedes” y Mier y Terán. En 1861 nació en Calabozo y médico Francisco Monroy González, padre de los tres médicos Monroy Pitaluga. En 1934 llegó el primer epidemiólogo al Estado Guárico, Dr. Eduardo Célis Saume, de la generación del 28 de Calabozo. El primer médico que ejerció en Valle de La Pascua fue el Dr. Zamora Arévalo. Le siguió su hijo, Rafael Zamora Pérez. El primer dircetor del Hospital “Guasco” fue el Dr. Miguel Yánez Olavarrieta y la primera enfermera fue la señora Matilde de Briceño, egresada de la cruz roja de Venezuela.

Juan Suárez dice que además del Dr. Rafael Zamora Arévalo, también estaba el Dr. Soto, y ambos: “...ejercían en plenitud su profesión de médicos. Era para entonces un flagelante mal la anquilostomiasis, el paludismo y la tuberculosis. Por causa de estos males era mucha la gente que moría. Estos no eran suficientes para atender la demanda de receturas y de fórmulas, es decir, para atender tantos casos, para lo cual no era suficiente el tiempo y la clientela se hacía cada día más creciente.”

Este mismo autor habla de la gripe española en Valle de La Pascua y supone murió más de la mitad de la población por el flagelo; y de las farmacias: “Desde 1896 Don Jesús María Isturiz, Licenciado, y Don Valeriano López Belisario, establecieron una farmacia que regentaron personalmente bajo la denominación de “Botica Principal”. Este servicio farmacéutico duró hasta 1936, fecha en que murió Don Valeriano López Belisario, ya que su socio y suegro el Licenciado Don Jesús María Isturiz había muerto en 1926.

Para la fecha de fundarse la “Botica Principal” Don Vicente González también estableció una farmacia que denominó “Farmacia Marcano”. Este establecimiento, a través del tiempo y las tempestades de crisis económicas que han sepultado a grandes empresas, se ha mantenido siempre firme y progresista, pues hoy en día es un almacén, su regente ha sido el héroe de las empresas, de las iniciativas y de los mejores cálculos comerciales, Don luis Adolfo Melo.

También el Doctor Alberto Aranguren estableció una farmacia que denominó “Farmacia Llanera”, la cual todavía existe. La Doctora Adelia de Cherubini y Busnego Martínez, tuvieron establecimientos de farmacia a principios del presente siglo, pero esto fue de poca duración.” (10)

Sobre el aspecto sanitario de Tucupido en comparación con el de otros pueblos J.A. De Armas Chilty dice: “En 1957, según apreciación de Torrealba, en 62 caseríos del Distrito Ribas se halla el Rodnius Prolixus. Tal índice de proliferación supera a los demás Distritos del Estado Guárico. Torrealba asigna al flagelo del mal de Chagas una gran cantidad de miocarditis que ha observado en la región. Ignórase el estado actual de infestación en Tucupido y el Distrito Ribas, pues desde 1953, la División de Malariología del Ministerio de Sanidad bajo la asesoría del doctor Arnoldo Gabaldón y la dirección del doctor Arturo Luis Berti, acometió la destrucción del Rodnius Prolixus en el Estado.

Mas ha de apreciarse que en Tucupido fue casi siempre mayor que en los demás pueblos vecinos y aún del Estado, el índice de ciertas enfermedades. En su trabajo el doctor Pablo Anduze, dice sobre la incidencia de gripe en el año 1948 – 49, lo siguiente: ...Zaraza tuvo 741 consultas. El Socorro, 56, Tucupido 1036 y Santa María de Ipire 1092. Las cifras son mayores en realidad y agrega: Por la clínica se trataron 243 casos en Zaraza, 15 en El Socorro, 262 en Tucupido y 42 en Santa María de Ipire. Cifras tan altas para Tucupido y Zaraza nos hace pensar en las aseveraciones del doctor Torrealba que muchos paludismos diagnosticados clínicamente y fiebres reacias a la quinina y otras drogas sintéticas análogas, son en realidad casos de enfermedad de Chagas.

Tucupido carece de buen hospital, de medicatura rural. La carretera, intransitable durante la estación lluviosa, hace más penoso el viaje de las personas que necesitan asistencia médica, las cuales tienen que ir hasta Valle de La Pascua, donde tampoco pueden recibir atención debida en vista de carecer esta pujante población de un estableciemiento asistencial a la altura de su actual progreso.

El índice de mortalidad general y de mortalidad infantil en el Distrito Ribas, acusa porcentajes que obligan a meditar un poco sobre el destino de Tucupido, un pueblo olvidado. En 1955 nacen 589 personas de las cuales muere el 20%; en 1956 nacen 790 y muere el 16% y en 1957 baja la natalidad, pues sólo nacen 728 y el porcentaje de muertes supera el 20%. Ahora bien: en 1955 mueren 68 sin asistencia médica, 13 de enfermedades del corazón y 22 del aparato respiratorio, mientras que para 1957, que es la última información de que se dispone, fallecieron 63, 15 y 22, respectivamente, por las causas indicadas. Lo más sensible es que Tucupido, con una población inferior a los demás Distritos – a excepción de Mellado, casi siempre supera a éstos en mortalidad.” (10)

De Chaguaramas son los Rísquez, ambos farmacéuticos. Marcos Rísquez fundó en 1900 la revista Salud en Altagracia de Orituco. Esa publicación fue la primera en su género en el Guárico. Fundó varias farmacias. Eduardo Rísquez nació en 1894. Fue profesor de Química Biológica en la UCV.

Nació también en Chaguaramas el Dr. Candido Naranjo. Estudió en España. Murió trágicamente en pleno desarrollo de su carrera.

El ambulatorio de Las Mercedes del Llano lleva el nombre del Dr. Manuel Montañéz, quien nació en El Sombrero el 10 de febrero de 1924. Realizó sus primeros estudios en los liceos Julián Mellado y Juan Germán Roscio. Se casó con Mirna Josefina Mota Carpio. Tuvo dos hijos: Manuel Alfredo y Mirna Josefina. Se graduó de médico en 1950 en la UCV. Ejerció su profesión como médico rural en Güiria, San Sebastián, Ciudad Bolívar y Valle de La Pascua. Más tarde el Dr. Montañéz se graduó de Higienista y llegó a ser jefe de la Unidad Sanitaria de Valle de La Pascua. Pensaba que el futuro de la medicina estaba en la prevención de las enfermedades, por lo que una vez escribió: “Yo por último me he dado cuenta, a través de mi pequeña experiencia, que el porvenir de la medicina está en la medicina preventiva, porque se espera prevenir enfermedades y no curar enfermos.” El Dr. Manuel Montañéz murió trágicamente en plena juventud el 4 de abril de 1959.

De mis datos sobre Las Mercedes del llano anoto lo referente a las causas de la mortalidad, cuya manera de apuntarlos y calificarlos en la prefectura puede caracterizar a cualquier pueblo del Guárico: “...Desde 1939 hasta 1944 debido a que las causas de muerte no eran constatadas por los médicos, en las actas de defunción solían escribir en el parágrafo concerniente a la causa de muerte las palabras “MAL DEFINIDA”, y solo se hacía una anotación distinta cuando la causa de muerte era evidente; como por ejemplo suicidio, homicidio o accidente automovilístico. En 1945, a la par de las palabras “MAL DEFINIDA” empiezan a aparecer algunas formas nosológicas precisas como causa de muerte. Aquí se destaca una etiología infecciosa: tétano, tuberculosis, paludismo y bronconeumonía. En 1946 la primera causa de muerte fue la tuberculosis con un 18,1%. La características de las catástrofes quirúrgicas agudas ocuparon el segundo lugar. Las otras causas de mortalidad fueron la pulmonía, el paludismo, las diarreas, toxicosis del embarazo y el tétano. En 1947 la mayoría de las muertes es por un síndrome que es definido en las actas de defunción como “hígado y bazo”, en unos casos y otros como hidropesía. Este síndrome que retrospectivamente podemos tractar como hepatoesplenomegálico alcanzó un 19,4% y es probable que haya tenido una etiología infecciosa. La otra causa de muerte del año en cuestión es una que definen como corazón; sin embargo existen serias dudas para ubicarla bajo el renglón de las enfermedades cardiovasculares. La tuberculosis ocupó el tercer lugar con un 13,8%. Luego está el “COLERIN” que, parece ser, era el abdomen agudo por obstrucción intestinal que terminaba en peritonitis. Refieren los más ancianos que el colerín se diagnosticaba cuando había vómitos con heces y solían curarlo ingiriendo mercurio o plomo “para corregir el obstáculo intestinal.” Luego siguen los accidentes automovilísticos o de otra índole: ejemplos de actas de defunción donde simplemente dice: “lo aplastó un rancho”. También se destacan los homicidios con armas blancas, ahorcamientos, diarreas, paludismo y cáncer. En 1948 en más de un 30% las causas de muerte no fueron definidas. En las restantes no hay una causa que sobresalga y se registran por igual las diarreas, el sarampión, la tuberculosis, la sífilis y la toxemia de las embarazadas. Es decir prevalece la etiología infecciosa como causa de mortalidad. En 1950 aparece nuevamente la tuberculosis como causa de muerte número uno con 18,5%. Luego están los términos hidropesía, cirrosis, hepatitis e hígado y bazo. Difícil asegurar que todas estas formas concatenan con la definición de síndrome hepatoesplenomegálico de etiología infecciosa del cual ya hemos hablado. Como causa de muerte se habla este año también de bronquitis; pero es casi seguro que se trata de un proceso mucho más grave como la broncopulmonía.

En 1951 la tuberculosis se mantiene como la primera causa de muerte con un 23, 6%. Un caso de pleuresía también pudiera tratarse de etiología tuberculosa. En algunos casos sólo se notifica que la muerte acaeció como consecuencia de asfixia, sin especificar el tipo. Aparecen los diagnósticos como aterosclerosis, hipertensión, miocarditis, angina de pecho. En 1952 la tuberculosis sigue siendo la causa de muerte más frecuente con 39,4%. Se anotan los diagnósticos como el síncope, ataque del corazón, aneurisma de la aorta. En 1953 el 26% de las muertes es causada por la tuberculosis. Siguen a esta los electrotraumas, toxemias del embarazo, peritonitis y cáncer. En 1954 no aparece una causa de muerte predominante y, por igual, se registran el cáncer, los accidentes con politraumatismos, la insuficiencia cardíaca, la tuberculosis. Luego está el reumatimso agudo o artrítis de etilogía imprecisa pero con grandes probabilidades de tener un orígen infeccioso. Se registran un caso de hemorragia cerebral por hiperetensión. En 1955 la tuberculosis aparece en el primer lugar con 18,4%. El segundo es para los diferentes tipos de accidentes y el tercer lugar es para la hipertensión arterial, la cual se destaca en este año como causa importante de mortalidad. En este mismo año se registran algunas muertes por ascaridiasis, diarreas, influenza. Luego está el homicidio con armas de fuego, la diabetes y la glomeruloefritis.
En 1957 la causa más destacada de muerte es la bronconeumonía con un 10,5%. La tuberculosis se ubica en el segundo lugar. Por primera vez se precisa un mal de Chagas. Luego están la amibiasis, el cáncer de diferentes localizaciones y la muerte súbita. En 1958 sobresalen varias formas de cáncer de diferentes localizaciones. Seguidamente están las heridas mortales con armas de fuego. En 1959 se registran 3 casos de tumores malignos de distinta localización y 2 de tuberculosis de 18 muertes acaecidas. Los demás diagnósticos están representados por casos únicos de diabetes, epilepsia, pulmonía, etc. En 1960 el 50% de las muertes se rubrican con los siguientes diagnósticos: síncope, infarto al miocardio, insuficiencia cardíaca, y edema pulmonar. Estos diagnósticos, con ciertas reservas, pueden ubicarse en la patología cardiovascular.

Desde 1960 hasta 1991 las enfermedades cardiovasculares ocupan el priemer lugar como causa de muerte en Las Mercedes.”

El escritor Carlojuvenal Chirinos en su relato “Farolito de Organdi” nos habla de manera novelada sobre la partera de Las Mercedes del Llano, Doña María Baduel: “Mercedense que no hubiera salido al mundo por las manos providenciales de doña María, dudosamente era mercedense, y si hubiera podido demostrar lo contrario, no habria podido negar entonces que sólo con los ensalmos de doña María fue salvado del influjo satánico del mal de ojos. Era ensalmadora. Un oficio paralelo igualmente benefector. Era tal la fama de su segunda profesión que los médicos, con todos sus recursos hipocráticos agotados y sin el menor prejuicio, referían sus enfermitos desahuciados, debiluchos y cagones al modesto consultorio de la Calle Independencia: una vela, un crucifijo, agua bendita y unas oportunas oraciones eran la solución...”

El agente viajero José Manuel Sanchez relata un interesante ecuentro con el pueblo de Las Mercedes del Llano: “En mi itinerario de viajero figuraba el pueblo de Las Mercedes, del Estado Guárico. Lo fuí a visitar con idea de permanenecer dos días, suficiente tiempo para visitar y vender a los pocos comerciantes, ya que esta población era muy pequeña. Llegué después de seis horas de camino, y al entrar al poblado noté una soledad espantosa: ni una sola persona en la calle; llegando a la plaza oí una voz que salía del portijo de una ventana, que me dijo: - joven, váyase de aquí, para que no muera como nosotros: ayer enterramos 57 y para el momento van 20 en lo que va del día.- Atemorizado, inmediatamente emprendí el regreso, pero tuve que dormir a campo raso en la sabana, colgando el chinchorro de dos matas de chaparro, pues las bestias, tanto la mía como la del peón y las de las muestras, requerían descanso. Fue una noche muy animada con chillidos de monos que se mecían en una montañavela cercana a mi campamento. Después supe que una epidemia de beriberi fue la causa de la mortalidad y casi desaparición del pueblo de Las Mercedes.”

Anteriormente no habíamos tenido noticias sobre una epidemia de beriberi en Las Mercedes. Esta enfermedad ha sido estudiada en el Guárico por los Héctor Landaeta Payares en 1932 y Eduardo Célis Saune en 1933 en Calabozo.

En Las Mercedes son gratamente recordados por su labor médica los Dres. Pablo Gil Urbuez, José Quijada Zamora y Julio Vincenti. Este último escribió el himno de la ciudad.

Alberto Rodríguez Morales al hablar de Zaraza cita a Jonas González como su primer médico en 1900, Felix Loreto Carrizales, nacido en 1884, Rosendo Gómez Peraza, Julio De Armas Matute, Vicente Peña, Carlos Irazabal, Antonio Padilla Chacín, Francisco Troconis y a los boticarios Rafael López y Rafael Armas.

J.A. De Armas Chilty recuerda a varios médicos que son de Zaraza y ejercieron en la ciudad. Explica que no todos nacieron en Zaraza pero “que tales personas descienden de zaraceños o se han vinculado a familias del lugar viviendo largo tiempo en él. No debe olvidarse que Zaraza se encuentra en una zona cultural y económica que abarca a Aragua de Barcelona, Barcelona, Santa María de Ipire, Clarines y el Chaparro.” (16) J.A. De Armas Chilty menciona los siguientes galenos: Doroteo De Arnas, Vicente Peña, Julio De Armas Matute, José Francisco Torrealba, Rosendo Gómez Peraza, Antonio Padilla Chacín, quien publicó en 1903 el trabajo: “Las apendicitis y sus complicaciones;” Francisco Troconis, M.L. Ron Pedrique, Rafael Hernández Rodríguez, Eduardo Hernández Rodríguez, Porfirio y Juvenal Irazabal, Julio De Armas, Manuel Vicente Méndez Gimón, Jesús Irazabal Ron, Francisco Ramirez, José Manuel Espino, Carlos y Rafael Camejo Troconis, J.R. Zerpa Troconis Dominguez, Antonio Malave, Alberto Rodríguez Morales, Guillermo Flores Chacín, Antonio Alvarez Sotillo, Pedro Miguel Itriago, Arístides Rodríguez Berroeta, Luis Carrizales, Francisca de Rojas, Aura Ancheta de Arnal, Naú Arveláiz, Ismael Rojas, Euclides Alvarez, Israel Ranuárez Balza, D.A. Blanco Porras, Chacín Dagger, Hipólito Quijada, José Antonio Ron Troconis, Pedro de Armas Días, María Lourdes Parra, Horacio Almeida, Raúl Briceño, Humberto San Severino y Jofre Días Guzmán.

J.F. Torrealba se refirió también a los medicos zaraceños o que tuvieron alguna relación en esa población: Pedro Miguel Itriago Sifontes, L.G. Chacín Itriago, Odoardo León Ponte y Antonio Padilla Chacín. Del jusisconsulto, Luis Loreto dice que se preocupaba mucho por la cultura: “Se hallaba en Ginebra cuando supo que en Zaraza se investigaban las enfermedades regionales. Seguidamente envía a Zaraza la colección del Boletín de Higiéne de la Sociedad de las Naciones y se dirige a una librería de Río de Janeiro para que remitieran a Zaraza, por su cuenta, Atropodes parasitos e transmisores de Duencas, de César Pinto.” La lista de médicos de Torrealba sigue: Rafael Vicente Pierelti Hernández, Espartaco Oráa, inventor de una cánula para uso ginecológico; José Ramón Zerpa Morales, Fermín Mendoza, Pacífica García Castillo, la primera mujer de Zaraza que estudió medicina; José María Zamora, médico y prócer de la Federación, Rafael Zamora Pérez, Oswaldo Vizcarrondo y Carlos Alfonzo Carrizales. Importante resulta la reseña de Torrealba sobre Don Alberto Troconis Hernández, quien trabajó en la Liga Antipalúdica, fundada por el Dr. Vicente Peña en 1911. El paludismo azotaba la población de Zaraza. El practicante y enfermero Alberto Troconis preparaba fórmulas, inyectaba enfermos, hacía curas. Le llevaba la quinina a los enfermos a sus casas.

“A altas horas de la noche, en un poblado de calles abandonadas y alumbrado debilmente por faroles, se veía la figura de ese zaraceño que pasaba de la cuarentena, con el maletín de practicante y grandes ojos claros, para ver el dolor. ¿A dónde iba?. Iba a casa de un palúdico, casa de un tuberculoso grave, casa de un neumónico, casa de una parturienta. En esos años no había Hospital en Zaraza; la aparición del Hospital San Antonio es posterior.

Nunca se oyó de aquel personaje de humildad franciscana, una expresión de disgusto ni cansancio ante tantas molestias; Don Alberto no veía en todo eso sino a Zaraza que sufría, a la humanidad que sufre y era necesario oponer a todo aquel dolor humano una gran dosis de amor.”

De Monseñor Rodríguez Alvarez, Torrrealba dijo que su nombre estaba inscrito “en cada salón del hospital Mercedes de Calabozo.”

Sobre Arévalo Cedeño, cuando fue presidente del Estado Guárico, dice que ordenó la edición del trabajo intitulado: Más investigaciones sobre Enfermedad de Chagas en el Distrito Zaraza, en 1937.

Un comentario especial merece el artículo de Torrealba denominado “Zaraza, tierra de intuitivos”. José Pérez Gil, un jóven sin estudios una vez le dijo que los chupones mataban a los campesinos y le trajo varios ejemplos de Rhodnius prolixus, el transmisor de la Enfermedad de Chagas.

Don Andrés Machado, que nunca fue a la escuela le mostró a Torrealba varios Dermatobia Cianiventris y mosquitos Yantinosomas. El campesino los asociaba con varias enfermedades.

En 1941, en plena epidemia de paludismo, varios muchachos analfabetas le dijeron a Torrealba que los mosquitos que producen la fiebre se quedaban durmiendo en las casas durante el día. El Dr. M. Nieto Caicedo determinó que allí había efectivamente A. darlingi.

Ante una señora con hidramnios, un campesino le dijo a Torrealba: “Doctor, he oído decir que esa señora tiene agua en la matriz, que no la puede orinar y evacuar. ¿Por qué no la punza?” Era la indicación justa.

En otro órden de ideas; pero refiriéndose a Zaraza, Francisco Gustavo Rodríguez cuenta la siguiente anécdota sobre el cólera que azotó esa ciudad en 1856: “Un día, los enterradores encontraron en una casa abandonada a un viejo que al parecer había muerto. Los parihueleros, casi siempre borrachos, sin tomarse el trabajo de registrarlo un poco, pues el pobre viejo sólo estaba sin sentido, en un dos por tres cargaron con él, lo colocaron sobre la fatídica parihuela y al trote largo, tomaron el camino del cementerio. Cuando más ocupados estaban en cavar y más cavar la fosa, he aquí que el viejo se despierta, oye los gritos de los borrachos, se da cuenta que está sobre la parihuela y que el hoyo que abrían era para él. Saca fuerzas de donde no tiene. Con dificultad se pone de pie para salvar la poca vida que le queda. Sin embargo, los borrachos cuando ven que se les escapa, lo persiguen, porque dicen a grandes voces que los muertos no caminan! Corren tras de él, para ultimarlo con el palo de las chícoras y de las palas. Al fin, Juan Rodríguez, que así se llamaba el desgraciado, corre y logra salvarse!”

El primer médico que ejerció en San Juan de los Morros fue el Dr. Angel María Aguado.

Fulgencio Alayón informa que una de las primeras boticas de San Juan de los Morros fue la de Anacleto Ramos. Las tres mejores parteras: María Castillo, Juana Castro y Juana Iridia. “La mayoría de los recién nacidos morían pocas horas después o días más tarde con esos males que las parteras llamaban Mueso o Mal de Ojo o Aserenado.”

Alayón también escribe: “Los mayores recuerdan que aquí hubo una hacienda de caña que se llamó “Las Adjuntas” productora de aguardiente y papelón, dicha hacienda era una de las mejores fuentes de trabajo para esta población, y apuntan que fue fundada por los Hermanos Briceño, estos señores vinieron, según parece, de uno de los Estados Andinos, se dice que eran tres y uno de éllos era médico y cirujano y recetaba a todos los que iban a su hacienda sin cobrarles nada, cuentan que muchas veces tenía que venir al pueblo montado sobre una bestia a recetar a los que no podían ir hasta su casa, muchos, muchísimos de los habitantes de antaño recibieron su atención médica.”

“En los predios de esta población existió un conuquero, bebedor de aguardiente, que se llamaba Jesús Reyes; este hombre gozaba de mucha fama entre el campesinado, fue mucha la persona que le llevó los orines en un frasco y cuando los tenía en sus manos los agitaba constantemente a la luz del sol y así lograba diagnosticar la enfermedad que padecía el cuerpo que los había expulsado, y todavía se recuerdan muchas de las recetas y sus curaciones con hojas, raíces y otros bebedizos. A la sazón existían otros “Mira – Miaos” pero este era el de mayor renombre.”

Ricardo Alcalá menciona como boticarios de San Juan a Santiago Noguera, Julio Sojo, Neptalí Acosta y Manuel Goitia, entre 1923 y 1933. Habla también de los médicos José Rangel, Leopoldo Tosta, Alfonzo, Francisco Hernández Lugo y Rafael Briceño; y el Hospital “Alí Gómez” que “funcionó en la edificación que hoy ocupa el grupo escolar Aranda”. El primer Banco de sangre se inauguró en 1957. Su primer director fue el Dr. Tulio Pineda, hasta 1970. (20). El primer donante fue el carpintero Saúl Feorfan. El servicio de Rayos X del hospital empezó a funcionar en 1946. Entre otros colaboraron para poner en marcha la instalación del mismo los doctores Rafael Vicenti Pieretti; Miguel Toro Alayón y Ramón Augusto Mayobre.

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